A veces puedo pecar de monomatica.

Por eso hoy prefiero hablar de algo tan sencillo como una infusión de jengibre y limón, dos ingredientes con propiedades increibles y que todo el mundo conoce bien.

Pero, ¿Cómo hacer una que nos quede buenísima? El truco está en el jengibre.

EL jengibre es una raíz que tiene su origen en las selvas tropicales del sur de Asia.

Es un alimento usado para tratar infecciones, está científicamente comprobado, incluso contra bacterias resistentes a los antibióticos. Otra razón para incluirlo en nuestra alimentación es que ayuda en la digestión,  es antiinflamatorio, regula la glucosa en sangre (1gr de jengibre al día), etc.

Para esta infusión el truco esta en: rallar el jengibre para que el licor agarre todo el sabor de la raíz. 

Ahora vamos a por el limón que también tiene su origen en Asia. Personalmente creo que lo mejor del limón es su alto contenido en Vitamina C, básica para protegernos contra resfriados. Yo suelo tomar mucho limón y también lima, y tengo que decir que me enfermo poco :)

Como anécdota: en Venezuela le decimos lima al limón, y limón a la lima. Que curioso, ¿no?

Después de esta anécdota tan interesate y graciosa, nos ponemos manos a la obra.

Hervimos el agua y rallamos el jengibre. Añadimos un poco de limón exprimido y lo dejamos por unos 10 minutos para que tome el sabor de los dos. Por úlitmo añadimos miel que también es actibacteriana.

Podemos hacer la infusión y dejarla en la nevera para enfriarla (en verano es lo máximo) aunque probablemente aprovechamos más los nutrientes si la tomamos caliente y recién hecha.

Para el combo perfecto ¡Podemos añadir a los dos últimos minutos de infusión un té verde! (el que más nos guste).

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